viernes, 8 de enero de 2016

Ser victima

Ser víctima de acoso escolar, tener móvil propio, usar aplicaciones de mensajería instantánea como Whatsapp o Telegram, los juegos online o utilizar internet más de tres horas al día son factores de riesgo para el ciberacoso en la adolescencia. Es una de las principales conclusiones de un estudio realizado investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo entre 3.180 estudiantes de ESO de 16 centros de Asturias de entre 11 y 19 años.
El objetivo del trabajo, que acaba de ser publicado en la revista 'International Journal of Clinical and Health Psychology', era establecer la capacidad predictiva de distintos factores a la hora de identificar a posibles víctimas y aspectos como el tener o no móvil propio, un uso elevado de internet y redes sociales son algunos de esos factores de advertencia sobre el 'cyberbullying', que engloba conductas como agresiones verbales o visuales (fotografías manipuladas) o suplantación de identidad.
El estudio ha confirmado, además, que ser víctima de acoso en el aula “incrementa las probabilidades de serlo también a través de la red, sobre todo para el acoso más severo”. Y es que “con frecuencia, víctima y agresor acuden al mismo centro”. Por esto, concluye el trabajo, “el acoso en el aula y en la red parecen formar parte del mismo fenómeno”.
Otra de las conclusiones de este trabajo, financiado por la Consejería de Economía, es que en Asturias se dan menos casos de cibervictimización severa que los porcentajes estimados para el conjunto de la sociedad (entre un 2 y un 7%) y que medidas que, a priori, podrían ser consideradas protectoras no lo son tanto.
Así, por ejemplo, “las actuaciones de formación y apoyo en el centro educativo no se perciben como efectivas en las situaciones de cibervictimización más graves”. Del mismo modo, el control parental resulta ineficaz. De un lado, porque los adolescentes tienen formas de acceso a medios como el móvil o internet que se escapan de la supervisión paterna y, por otro, porque ese control puede transmitir falta de confianza. A este respecto, el estudio señala que “una mejor comunicación entre padres e hijos es más eficiente que el control parental de internet”. En esa comunicación, la educación en valores, la enseñanza de habilidades sociales y la formación digital tienen que ser pilares fundamentales.

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