lunes, 1 de septiembre de 2014

Mayo de 2015

Mayo de 2015. Ahí están puestas las miradas de todos los políticos asturianos, por más que, cuando los focos se encienden, se proclame la importancia de los meses que están por venir y la necesidad de que las elecciones no lo enturbien todo. Pero es inevitable que así sea, que esos comicios locales y autonómicos de la primavera condicionen la actitud y las decisiones de todos y dejen la rutina del día a día, por importante que sea, en segundo plano. Es difícil, por ejemplo, pensar en priorizar la negociación de los presupuestos regionales del próximo ejercicio, a sabiendas de que su aprobación parece hoy harto improbable, cuando en los pasillos del Parlamento bullen los comentarios sobre candidatos, listas y programas electorales. Sea como sea, el trabajo pendiente hasta llegar a esa cita con las urnas es mucho, comenzando por las cuentas autonómicas y siguiendo por el debate de las leyes que aún quedan en el tintero en esta anormalmente breve legislatura, como la del presidente o las de transparencia y buen gobierno e incompatibilidades de altos cargos. Arranca pues un curso político extraño, como lo son todos aquellos en que unos comicios se otean en el horizonte. La precampaña comienza ya y todos los movimientos y decisiones que se ejecuten en los próximos meses serán inevitablemente analizados en clave electoral. En las sedes de los partidos, en los pasillos de la Junta General o en las cafeterías que rodean la Cámara se comparten confidencias sobre la identidad de los cabezas de lista -aunque en la mayoría de casos las incógnitas ya están despejadas- y especialmente sobre la confección de las candidaturas. Quién estará, quién entrará como novedad, quién dejará su puesto a regañadientes... Largas semanas de incertidumbre quedan, pues, por delante. Pero más allá del componente estrictamente personal, la influencia electoral es evidente en la acción de los partidos y la negociación de los presupuestos regionales de 2015 es la prueba más clara. Sus dirigentes tendrán en cuenta, desde luego, el contenido del proyecto que presente el Gobierno, la afinidad ideológica al mismo y su criterio sobre las medidas que el texto recoge. Pero también hacen cálculos respecto de las ventajas de apoyarlo o vetarlo. Entre los partidos que podrían plantearse el 'sí', IU, que siente en la nuca el aliento de Podemos, destila poco entusiasmo por un documento que, aunque todavía desconocido, apunta a seguir el camino de la austeridad y dejará poco espacio para cuestiones sensibles para la coalición, caso de las subidas selectivas de impuestos o el gasto social. Y el PP, que se dice abierto al diálogo si se le garantiza una rebaja fiscal sustanciosa, se mueve entre lanzar un mensaje de responsabilidad, de sentido de Estado, y el riesgo de dejar que su gran rival, Foro, acapare todo el espectro del centro-derecha. Hay muchas variables en juego. Habrá que ver cómo los partidos mueven ficha. En el presupuesto pero también en la tramitación de algunas leyes pendientes cuya aprobación es para el Ejecutivo de Javier Fernández objetivo prioritario. El gabinete socialista lleva toda la legislatura recalcando el mensaje de los 'bolsillos de cristal', de la necesidad de recuperar el contacto con la ciudadanía, y para ello ha impulsado dos proyectos, el de buen gobierno e incompatibilidades de altos cargos y el de transparencia, que necesita sacar adelante porque lo contrario sería un enorme revés para su discurso. Igualmente está en marcha otro proyecto para reformar la ley del presidente y limitar a dos sus mandatos, y la Cámara espera que el Gobierno le remita la tercera normativa de reordenación del sector público que daría cobertura a los cambios introducidos en las dos primeras. Una agenda intensa que cobra vida mañana con la reunión de los portavoces parlamentarios para comenzar a planificar la tarea.

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