sábado, 4 de agosto de 2012

Ciudadela de Celestino Solar o «Ciudadela de Capua»

Esta ciudadela, actualmente convertida en un pequeño museo etnográfico, está emplazada en la calle Capua, en la ciudad asturiana de Gijón, muy cerca de la monumental Escalerona de la playa de San Lorenzo. El solar en que se asentó fue adquirido por el industrial Celestino González Solar, un indiano vuelto de Cuba que invirtió en terrenos del ensanche gijonés. La ciudadela se concibió como un próspero negocio gracias al alquiler de pequeñas casas a los obreros que llegaban a Asturias de forma masiva. La Ciudadela de Celestino Solar, también conocida como «Ciudadela de Capua», presenta uno de los modelos de vivienda obrera existente en Asturias. Las ciudadelas fueron habitadas por la clase obrera gijonesa a finales del siglo XIX y durante gran parte del siglo XX. En Gijón llegaron a documentarse más de doscientas ciudadelas, siendo la más representativa la de Celestino Solar, que, construida en 1877, estaba formada por 23 casas y permaneció habitada durante más de un siglo. ¿Qué son las ciudadelas? El desarrollo industrial de Gijón comienza a ser un proceso consolidado a partir de 1875. Surgirá entonces el problema de la escasez de vivienda, que fue adquiriendo mayor importancia a medida que avanzaba el siglo XX. Como respuesta a la necesidad de alojamiento de la clase obrera, nació un tipo de vivienda que se extendió por toda Europa e inundó algunas zonas de Gijón, como es el caso del barrio de El Arenal. Se trataba de las ciudadelas, un modelo que agrupaba varias casas dentro de un patio o cercado, sin fachadas a la calle y con retretes colectivos. Estas casas, promovidas por particulares, eran ocupadas en régimen de alquiler por las clases populares. Las condiciones de habitabilidad eran muy deficientes: las casas no tenían agua corriente, alcantarillado, ni luz eléctrica. Además, la baja calidad de los materiales constructivos y la escasa ventilación hacían de la humedad un grave problema que incidía en la propagación de enfermedades respiratorias entre sus habitantes. ¿Quiénes vivían en la Ciudadela de Celestino Solar? Estas casas estaban habitadas por el matrimonio, los hijos, entre dos y cuatro, y los padres de alguno de los cónyuges. El número de mujeres solas, viudas o solteras con hijos era muy alto. En algunos casos, llegaron a compartir un espacio de treinta metros cuadrados hasta once personas. La mayoría de los hombres trabajaban como albañiles, obreros en fábricas y talleres o artesanos. Las mujeres, casadas, viudas y solteras, estaban obligadas a trabajar. El jornal femenino, más que un ingreso extra, era imprescindible; en especial, en los momentos de desempleo de los hombres. ¿Cómo vivían en la Ciudadela de Celestino Solar? La vida de los habitantes de la Ciudadela de Celestino Solar no era fácil, ya que el salario familiar apenas alcanzaba para cubrir las necesidades básicas. Los momentos de asueto eran escasos y el ocio casi inexistente. La Ciudadela de Celestino Solar fue habitada por unas cien personas que compartían cuatro retretes, dos en el patio grande y dos en el pequeño. Todos vivían a la vista de todos y se conocían desde siempre. La solidaridad entre vecinos se manifestaba en los momentos difíciles, aunque también eran frecuentes los conflictos de la vida diaria que surgían, en general, por las labores de limpieza comunes. Nunca hubo agua corriente, ni luz eléctrica. Las mujeres y las niñas hacían varios trayectos al día cargadas con cubos hasta la fuente más cercana, situada donde ahora se encuentra el mercado de San Agustín. A mediados de los años cincuenta, tras las reiteradas protestas de los vecinos, se colocó una fuente en el Patio grande. En la calle Capua hubo un lavadero entre 1889 y 1893, pero después de esta fecha, las mujeres tenían que realizar la colada en el lavadero de Los Campos (Los Campinos) de la calle Alarcón, al que llegaban muchas veces cargadas con baldes enteros de ropa diversa tras una caminata de unos quince minutos. Si el tiempo era favorable, la ropa solía ser secada en los prados próximos. Las compras se hacían en los comercios de ultramarinos de la zona. Se compraba a crédito y se pagaba el día de cobro o en pequeñas cantidades cada semana. La alimentación consistía básicamente en potaje para la comida fuerte. Sólo se consumía carne en el cocido de los domingos. La merienda de los niños consistía en las natas de la leche del día con algo de azúcar, a veces manteca y pan o una onza de chocolate. La forma de vida dentro de la ciudadela evolucionó muy poco desde su creación en 1877 hasta los años sesenta del siglo XX. En este momento, comenzó a ser deshabitada y su población fue trasladándose hacia los nuevos barrios obreros de la ciudad: Pumarín, El Llano o Contrueces. La visita a la Ciudadela La visita se organiza en dos áreas: 1) PATIO PEQUEÑO En él se recrea una parte de las antiguas viviendas a partir de los planos levantados en 1974 por el arquitecto municipal Enrique Álvarez Sala. Se han reconstruido también los aseos correspondientes a este patio. En el interior de las viviendas un audiovisual presenta los testimonios orales de las personas que vivieron en la Ciudadela y ordenadores interactivos nos permiten recorrer la historia de la ciudad durante el período que permaneció habitada. 2) PATIO GRANDE Convertido en plaza con la creación de una zona ajardinada, conserva los muros maestros de las antiguas viviendas, restos del suelo original de las cocinas de las casas, las aceras y el cierre de la antigua ciudadela. FUENTES: Página web del Ayuntamiento de Gijón; Nuria Vila Álvarez, Un patio gijonés. La ciudadela de Celestino González Solar (1877-1977), edit. Ayuntamiento de Gijón, 2007.

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